lunes, 19 de noviembre de 2007

Seamos Ecologistas

Hoy ha sido un día lluvioso, un día de esos típicos de Asturias, un día que “tuvo orbayando”. Este otoño ha llovido menos que el anterior y el anterior menos que el de hace dos años. Esto parece una evidencia: el cambio climático es una realidad. Al Gore no utilizó nada de esto en su discurso de Premio Príncipe de Asturias, porque tal vez le falte algo indispensable para ser ecológico por naturaleza, no es de una cultura en la que la naturaleza sea la clave. Pues bien, si cada año llueve considerablemente menos, llegaremos ala conclusión de que nuestros ríos dejaran de llevar agua en muchos casos y que nuestros campos no tendrán con que agua regarse y los bosques se secaran, nos sumiremos en un desierto tipo Castilla… No queremos ser un desierto, no quiero renunciar a mi cultura asturiana, sin mis castañeos, sin mis pumaraes, sin mis bosques de carbayos, teixos y acebos… incluso sin nuestros ya típicos eucaliptos no podría vivir siendo asturiano, no me identificaría con lo que en un día había sido mi país. ¿Dónde sino en Asturias? ¿En que monte viviría el busgosu? ¿En que fuente se bañarían les xanes? ¿A quién gastarían putadas los trasgos si no hay asturianos de conciencia? ¿De qué serviría nuestra cultura basada en la naturaleza? Nuestros deportes tradicionales ya no tendrían sentido, se originaron por el contacto de la gente con la naturaleza, con el campo, ¿acaso tendrían algún sentido los bolos que surgieron como descanso de los campesinos y sobre los que sí que gira gran parte de la población compatriota de de Al Gore?, ¿o por casualidad tendría sentido el tiro de fardos de hierba o las carreras de madreñes? Mucho lo dudo, es más ni las propias madreñes tendrán sentido en una cultura en la que no llueva, en la que no se embarren los caminos, no servirán para otra cosa que para macetas. En el momento en el que se olviden, nadie más va a reparar en ellas. Yo no estoy dispuesto a renunciar a mi cultura, a mi folklore que está tan ligado a la naturaleza. Los asturianos no tenemos las manos limpias tampoco, hemos sido los primeros en destruir nuestros bosques. Hemos creado canteras, tendidos eléctricos de alta tensión en parajes naturales y aún seguimos creando autopistas como si fuésemos una población tan distante… Hemos provocado numerosos incendios… Hemos sido los primeros en matar osos, hasta uno de nuestros reyes asturianos murió a manos de un oso, como no los íbamos a matar… Hemos construido en Perlora y en Gijón y en Llanes y en Luanco, en toda nuestra costa… Hemos cometido toda serie de sandeces y brutalidades, no hemos conservado la naturaleza en el mejor estado, ni en el interior ni en la costa. Fuimos unos bárbaros, lo poco que nos queda de nuestra identidad debemos mantenerlo, debemos de ser respetuosos con la naturaleza en torno a la cual gira toda nuestra cultura, debemos respetar lo que tenemos y no tirar piedras contra nuestro propio tejado.
Nadie puede permitirse el lujo de no ser ecologista, pero si alguien ha de serlo bajo todas las circunstancias esos somos los asturianos. Debemos de decir “hasta aquí hemos llegado” y empezar a tener un concepto de nuestra propia identidad y mantenerla para que cuando seamos ya mayores reconozcamos que estamos en nuestro propio país y no en uno ajeno. Debemos de inicial una revolución ecológica con todo lo que ello conlleva, en Euskadi, con quienes compartimos la madre cultura celta, ya se ven indicios de ecología, pero nosotros no somos quienes para cruzarnos de brazos. Debemos de iniciar una nueva etapa en la vida del asturiano y si queremos seguir bebiendo sidra y amagostando castañes tenemos que ser conscientes de nuestra naturaleza y cultura e iniciar una nueva etapa positiva en la que los hombres y mujeres del hoy afrontemos un problema del mañana. A mi me gustaría que en un futuro mis hijos llevaran un signo de identidad asturiano, un nombre asturiano, pero también me gustaría que ese nombre tuviese sentido. Si fracasamos en el intento, al menos habríamos conseguido establecer una nación optimista y tendríamos conocimiento como para sobrevivir estableciendo un nuevo concepto del asturiano. No quiero que se nos tache más veces de brutos y de vastos en la historia, debemos de utilizar todo esa “asturianeza” de cabezas duras en luchar por nuestro país. Ahora no debemos luchar contra los musulmanes invasores, sino contra en cambio climático que nos invade de forma diferente. Es una lucha para la que aún no estamos preparados. Pero si conseguimos reconquistar toda la Península podremos frenar la contaminación, para ello no estamos solos y tenemos otras culturas en el mundo que se basan en la naturaleza; en España, están los gallegos que tienen carballos en lugar de carbayos; están los cántabros que tienen madreñas en lugar de madreñes; y, están los vascos que tienen iratxoaks en vez de mouros, mamarros en lugar de trasgos, al Herensuge en lugar de al Cuélebre, al Basajaun en lugar de al Busgosu… Somos diferentes, pero nuestro fin es el de mantener nuestra identidad, que nuestra existencia tenga un sentido, y es nuestra cultura la que se basa en la naturaleza.
Volviendo al famoso discurso de nuestro Premio Príncipe de Asturias, Al Gore, en el cual quiere que las generaciones del futuro se pregunten de dónde sacamos la valentía para enfrentarnos al cambio climático, yo insito, igual que nos preguntamos como los asturianos osamos a luchar contra los musulmanes desde el resquicio de Covadonga frente al resto de la Península, igual que nos enfrentamos más tarde a la invasión Napoleónica, debemos luchar conta esta invasión que ataca a nuestro país de la manera más doliente: transformándolo, no hechandonos de él, dejándonos sin él. Es nuestra seña personal, somos nosotros, debemos de dar ejemplo e iniciar una revolución ecologista. El beneficio: nuestra propia identidad.

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